Cuando lleguen los navegantes del espacio,
cuando el hombre violeta
con sus ojos de plástico y cabeza cubicoide
descienda de su plato volador.
¿Qué le daremos?
¿Qué le ofreceremos?
¿Una copa de vino?...¿Un mate amargo?
¿Una taza de te?...
Cuando nos diga en su lengua aproximada:
Ñag-chak-ñag ¿!?
Y nos muestre junto con su sonrisa planetaria
un reducido maranfio de piolines,
que visto así en chiquito
es la reproducción de su figura.
¿Qué le diremos?
Que pase a nuestra casa
y le presentaremos a nuestros hijos.
Cuando intenten establecer
algún contacto más concreto,
y nos informen de su misión de paz,
que sólo buscan elementos,
que a nosotros nos sobran,
y nos traen en cambio su ciencia
en millones de años adelantada.
Le daremos lo poco que nos piden,
a cambio de lo mucho
¿qué nos vienen a dar?
Una carga de arena,
por la cura del cáncer.
Erradicar la polio
y las villas miserias,
por una bolsa de aserrín de ceibo.
¿No es suficiente?
No.
No le daremos mate...Ni una copa de vino
Ni una taza de té...
No le presentaremos a nuestros hijos,
ni un miserable ramo de violetas
se llevarán de aquí.
Serán mal recibidos,
con ametralladoras,
y tanques de guerra listos
para entrar en acción
al menor guiño de sus ojos bizcos.
Porque el terráqueo
se apoya en su derecho
de explorar el espacio,
y dispararle a la luna
cañitas voladoras,
que bautiza con nombres mitológicos,
alternantes con signos del zodíaco,
Será inútil que repitan:
Ñag-chak-ñag ¿!?...Ñag-chak-ñag ¿!?...
Hombre violeta;
si no lo pones de espaldas contra el suelo,
el terráqueo no te atenderá...
De: "Trece poetas"
Ed. Del escritor, Julio de 1967.
De: "Trece poetas"
Ed. Del escritor, Julio de 1967.

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