Te adoré
y en mi silencio conformista
te sufrí.
Por situarme en tus brazos
me convertí en robot
selector de tus gustos.
Sincronizado a tu mente,
inventando diagramas de ternura
malogré misterios
masticando los tallos de raíz
sentí morir la flor entre los dientes.
La quietud que se movía en mi alma
fue la clave de símbolos dispersos,
me convertí en discípulo a la fuerza
de tu clase primaria.
Cuando egresé,
llevaba por diploma
el sello inconfundible de tu cuerpo
estampado en la yema de los dedos.
Pero quiso el horóscopo imprevisto
enfrentar Capricornio con Neptuno
separando el espíritu, multiplicando signos
y dando rienda suelta a los plurales.
Y a cada minuto de distancia,
te movías en un mundo de juguete
falseando los resortes, destruyendo las horas, pródigas y felices.
Hoy comienza la hora del desquite,
tu voz y nada tuyo me interesa,
la rebelión de mi complejo eléctrico
dejó oir su protesta,
llegó el momento de la verdad mecánica.
Ya te olvidé,
se voltearon los viejos paradigmas,
el regreso imposible,
junto a los sueños muertos en la almohada
revivo y de nuevo me enamoro.
De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972