el simplemente John.
Provenian de sistemas diferentes,
diferente país,
diferente idioma,
diferente opinión,
diferente.
Todo diferente.
Un cohete un día...
Más allá otro...
El espacio.
El cosmos.
La casualidad.
Sus cápsulas se encontraron.
John tenía una dificultad,
o fingió tenerla.
Tatiana maniobró controles
y arrimó su vehiculo espacial.
Así, de ventana a ventana,
asomados al mundo
comenzaron un diálogo
de señas y términos técnicos.
El traje de John era difícil,
se ajustaba, con un cierre especial
dirigido por control remoto.
El traje de Tatiana,
ajustaba con tornillos,
hacía falta una llave,
que John tenía.
En la Tierra nadie sospechaba
ni podía imaginar,
cápsulas acopladas.
A la sombra de la Luna,
el silencio captó,
en el lenguaje universal
de los suspiros,
los agudos: bip-bip...
de algo llamado amor.
Y cuando las cápsulas
descencieron al océano,
una estaba vacía.
En la otra,
una mujer y un hombre
o tal vez más,
que acababan de concretar
una experiencia fuera de programa,
asomando del asombro
del algo todavía inconcreto,
pero que ya era imposible detener...
De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

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