haciendo trampa al prójimo,
cuando el prójimo es uno mismo.
Escenario de hombres en apresto,
y mujeres con problemas de conciencia.
Junto al cordón, coches estacionados,
y en la vereda,
los humanos muñecos
accionados a sábado.
Son objetos ambiguos que se exhiben,
en busca de la parte que les toca
listos para lanzarse a la aventura,
buscando completarse.
La diversión comienza para algunos,
en tanto para otros, ya termina.
Después,
cuando el gusto del whisky,
el cansancio de la vista,
o la hartura de los cuerpos castigados;
cuando el sabor amargo del intento,
quede impreso en la boca como un sello,
cuando el hígado y los cansados pies
rematen su obra,
cuando el geniol apague
su cabeza llena de clavos y tirabuzones,
sólo han de quedar de pie los yogas
y los ikebanistas.
Por ser un sábado a la noche,
es suficiente.
De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

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