Esa llave que tocaron otras manos
no la quiero tocar.
Esa puerta que abrieron
sin ser yo con mis manos quien la abriera,
no la vuelvo a cerrar.
Su picaporte redondo
se me ocurre que llora
y me lastima su llanto
porque también lloré de pena
alguna vez.
Esa boca que besó otra boca
no la quiero besar.
Esas cartas que mi pluma
núnca escribió para tí,
son de un pasado ayer
que se presenta,
cada vez que entreabro algun armario.
Esos paseos absurdos que no hice
contigo en la penumbra de los parques
carecen del valor que la distancia
separó para siempre.
Esa mano que al tomar tu mano
con expresión tan tierna, me dolía
sentirla así oprimida en otra mano,
no la vuelvo a tomar.
No habrá perdón ni tregua
no caben compromisos,
falso sería mi boca en falsos besos,
falso el abrazo, falsa la nostalgia,
no se perdona al amor que engaña
ni puede haber amores paralelos.
Eximido de culpa
quiero hacerte también mi confidencia:
Cuando a la hora de la luna incierta
errabas en un punto de la Tierra
yo vagaba también.
Cuando tu boca enfebrecida
y a sobresaltos dada
era besada con virtual hechizo
yo besaba en igual.
Y la carta. El llamado telefónico,
todo el secreto que escondías celosa,
lo escondía yo también,
lo saboreaba.
Tu y yo. Ella y el otro.
Doble pareja, sombras y fantasmas,
amor oculto, prohibido, repetido,
no son más que siluetas,
ya distantes, sin retorno capaz.
Y esa boca, esa llave,
esa triste parodia del amor,
ha perdido el sabor de la constancia,
de la cita prohibida.
Ha perdido el sabor de lo concreto
de lo mío y lo tuyo
compartido por otros.
El perdón ya no importa
la vida corre
frenética y alerta,
es hora de volver
sin ventaja, si algo queda todavía,
algo importante que recuperar.
Demos al tiempo tiempo,
el último recurso,
la ocasión del amparo
antes del adiós.
De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972