lunes, 21 de febrero de 2011

Porque tengo un banco en el parque

Mi voz es tan aguda
que hiere los pétalos de rosa
y hace estallar los estambres
de las amapolas.
El río con su rumor de agua en tránsito
me trae conciencia de lo que soy
de lo que fui,
de lo que pretendí ser,
de lo que núnca seré
y me retrato en los espejos repetidos
detrás de una máscara
que me quita el aliento.
El viento se diluye
al llegar a los pinos
y regresa transformado en caricia
con el aroma refuerte
de los surcos recién abiertos.
Ya no escucho
en el camino sumergido
rumores de pies descalzos
anunciándose
entre las hojas secas.
Tomo mis precauciones,
como recurso extremo
me transformo en un ser que asusta,
con ojos fosforescentes
y una cara barbuda
dentro de un sobretodo negro
y un pantalón rotoso
que muestra,
en su ausencia de ojales y botones
algo, no mucho,
lo suficiente para escandalizar
a seudas señoras gordas
que llegan al parque con su tejido
y traen aviesas intenciones
de sentarse en el banco,
que yo utilizo para dormir...

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

No hay comentarios:

Publicar un comentario