miércoles, 23 de febrero de 2011

Lola

Regreso y son las dos de la mañana,
avanzo con cautela de ratero,
tratando de pisar donde se debe,
encubriendo el rumor de lo que piso.
Sin encender la luz,
dejaré los zapatos,
y subiré despacio.
¡Será inútil, lo sé..!
Esperándome presa de quietud
extendida y procaz sobre la cama inmensa
estará mi Lolita.
¿Cómo hacer para que no me escuche?
¡Tiene un oído tan desarrollado!
Al transponer el umbral
la tendré sobre mí,
y desde el primer instante
querrá demostrame su amor,
todo su afecto,
apretando mis partes mas sensibles,
querrá que la acaricie,
que me quede con ella todo el tiempo.
¡Y ya estoy harto...!
Ahí está, ya me oyó; ¡maldita Lola!
No la soporto más,
medito un medio de destrucción total.
Revólver. Ahogamiento,
pasando por la cuerda o el puñal,
sin dejar de pensar en el cianuro,
las víboras cebadas, el curare...
Nada me satisface por ahora,
sólo una solución
podría liberarme de este engendro:
...¡dejar que se la lleve la perrera...!

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

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