Tendré que andar mudando de destino
el hacha al hombro,
el machete a la cintura,
a boca seca, a jornal de pobre
y seguir aplastando pajonales,
sin medir las distancias.
Distenia sostendrá mi cabezota,
álgidas pulsaciones de marisma
muscido el caracol se me asemeja
la casa a cuestas, sin alternativa.
Por combatir las sombras
me estoy quedando solo,
solo con mi silencio y mi culpa
de haber llegado al mundo
sin un bosque propio.
Espantapájaros casi
endosando ropaje
de residual clemencia
ataña al mundo mi resquebrajo absurdo.
No me quejo,
cambio los pajonales,
por el estado de los mostradores
y el día que me encuentren boca arriba,
el mundo tendrá mi testamento;
una boca torcida,
una sonrisa ríspida.
De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972
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