miércoles, 2 de febrero de 2011

Protesta

Me desatan las manos
en las mañanas
para que vaya a trabajar
y me traban la lengua
en cuanto piso
las primeras baldosas flojas,
flotantes
desde las ultimas lluvias
y me obligan a tragarme
lo que opino de ellas.
Tengo la llave
de la puerta de la calle,
pero me ponen reloj
para fichar la entrada
o la salida.
Me alimentan a embudo
como a los pavos de criadero
antes de Nochebuena
y me empachan de comida
para que pueda rendir mas
aunque solo consigan inflarme.
Cuando me dicen por ejemplo:
-¡Como te quiero!...
El equilibrio de la afirmativa,
lo mantiene el suspenso
y el contrapeso de mi billetera,
que reconforta
criaturas extraviadas.
La carga de mi mochila vital
comienza a pesar un poco,
más que núnca,
pero la culpa de todo,
de todo lo que me sucede,
tal vez no la tenga el gobierno,
como pretendo,
tal vez el origen de todo se remonte
al nudo demasiado apretado
de mi cordón umbilical.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

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