lunes, 21 de febrero de 2011

Nada

Detuve la mirada en tu sonrisa
con profundo estupor de desafío,
frente a la mesa absurda de la vida,
allí estabas
y no te conocía.
Llegaste.
No venias por mí.
No me hablaste,
apenas si mirabas
sin responder
al desgarrante apremio de mi vista.
Yo soñaba en tus ojos,
me movía en tus pupilas,
con obstinado afecto.
Desde la proximidad
distante para mí,
te halagaban
tu boca se desgranó
con veleidad de risa
en un extraño simbolismo
secretamente dirigido.
Después,
el vano de la puerta
desdibujó tu imagen,
quedó en el aire flotando tu sonrisa.
No venías por mí.
No me alcanzaste a dar
desconocida,
ni siquiera una pena...

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

No hay comentarios:

Publicar un comentario