en la mañanas
pienso entretanto
que tristes estarán
los que no tienen la dicha
que yo tengo
de empacharme de sol.
Intuyo
sitios donde hay calandrias,
pienso en los altos eucaliptus
que casi tocan el cielo
y el sol me amansa,
modifica los climas, las tensiones
y lo convierto
en mi alimento principal.
Más tarde
cuando ocurre el naufragio
del sol en el mar
cuando obtengo al fin
la explicación que me faltaba,
la razón de su sabor a sal,
que es el gusto que siento
cada vez que en el patio
corro mi silla de ruedas
y me pongo a comer el sol.
De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972
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