Encaramados en una posición
de enanos en actitudes críticas.
Pretendemos ser los dueños,
dictadores de la opinión
y nos convertimos en déspotas
del pensamiento calificado
descalificando al que no opina como uno.
Torpedeamos el diálogo
en cuanto asoman
las primeras ideas
todavía sin imagen
en las bocas ajenas.
Y al final
de tanto hablar con gente
que opina igual que uno
la cosa comienza a ser
tremendamente aburrida.
De "Del bastardo deber ser"
Ediciones Crisol, Octubre de 1973.

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