jueves, 28 de abril de 2011

Heredé lo que soy

En la hora en que la hora
no tiene importancia alguna
estoy tendido en el césped
contemplando las estatuas
de próceres sin historia.
Soy la pausa de un instante,
sin físico ni recuerdos.
como un Popeye sin fuerzas
sin reserva ni lata de espinaca.
He recorrido todos los caminos,
del acomodo fácil,
fui seductor
de chiquilinas pobres,

campeón de estómago contento.
¿De dónde vengo yo a quejarme de mi suerte?
Si lo que tengo todo lo heredé,
la facultad de descubrirme solo
el designio de ser y lo demás,

menos la libertad de la elección.

A la edad en que nos mandan a la escuela
debieran encerrarnos en una cueva,
que aprendamos a vivir como los topos.
Y debieran prohibirse las herencias,
los legados copiosos que hacen daño.
Los hijos debieran repartirse,
como el pan, los diarios y las legumbres,
y darnos ocasión, de elegir a nuestros padres.
No por carga del gen hereditario,
selector de la especie,
sino por propio apremio de la hora,
por urgencia, por necesidad,
como buscamos un donante de sangre...

De: "Trece poetas"
Ed. Del escritor, Julio de 1967.

miércoles, 20 de abril de 2011

Mitad de lo que busco

Viajera de regreso de una fuga
que te tiendes de espaldas a mi lado
sobre la alfalfa recién amanecida,
junto al rocío fresco todavía.
Ningún regreso asombra mi reposo,
me sorprende que traigas en respuesta
las maletas cargadas de silencio.

En tu vagar sin norte
acortando deseos,
finalizó la búsqueda inconcreta
de los símbolos fáciles,
cesó el rito viviente del bicep,
cayeron los emblemas que traslucen
la vigencia de un Dios.
No alientan paganos estandartes
destinos detrás de seis botones,
ni estimulan cánticos de fiebre
los salvajes impulsos.
Dame un lugar
cerca de tus rodillas,
allí donde las sombra es casi un mito.

Deja ya tus baúles incompletos,
soy en tu soledad una presencia
y eres la mitad de lo que busco.

De: "Trece poetas"
Ed. Del escritor, Julio de 1967.

martes, 19 de abril de 2011

Ñag-chak-ñag ¿!?

Cuando lleguen los navegantes del espacio,
cuando el hombre violeta
con sus ojos de plástico y cabeza cubicoide
descienda de su plato volador.
¿Qué le daremos?
¿Qué le ofreceremos?
¿Una copa de vino?...¿Un mate amargo?
¿Una taza de te?...
Cuando nos diga en su lengua aproximada:
Ñag-chak-ñag ¿!?
Y nos muestre junto con su sonrisa planetaria
un reducido maranfio de piolines,
que visto así en chiquito
es la reproducción de su figura.
¿Qué le diremos?
Que pase a nuestra casa
y le presentaremos a nuestros hijos.
Cuando intenten establecer
algún contacto más concreto,
y nos informen de su misión de paz,
que sólo buscan elementos,
que a nosotros nos sobran,
y nos traen en cambio su ciencia
en millones de años adelantada.
Le daremos lo poco que nos piden,
a cambio de lo mucho
¿qué nos vienen a dar?
Una carga de arena,
por la cura del cáncer.
Erradicar la polio
y las villas miserias,
por una bolsa de aserrín de ceibo.
¿No es suficiente?
No.
No le daremos mate...Ni una copa de vino
Ni una taza de té...
No le presentaremos a nuestros hijos,
ni un miserable ramo de violetas
se llevarán de aquí.
Serán mal recibidos,
con ametralladoras,
y tanques de guerra listos
para entrar en acción
al menor guiño de sus ojos bizcos.
Porque el terráqueo
se apoya en su derecho
de explorar el espacio,
y dispararle a la luna
cañitas voladoras,
que bautiza con nombres mitológicos,
alternantes con signos del zodíaco,
Será inútil que repitan:
Ñag-chak-ñag ¿!?...Ñag-chak-ñag ¿!?...
Hombre violeta;
si no lo pones de espaldas contra el suelo,
el terráqueo no te atenderá...

De: "Trece poetas"
Ed. Del escritor, Julio de 1967.

lunes, 18 de abril de 2011

Derrota

Silencio,
Se apagaron los ecos,
el metal de los cuerpos
recuperó su forma.
Ya sin aliento,
las velas se plegaron,
los bucaneros en brusca retirada
arriaron la bandera defendida,
con orgullo en el campo de batalla.
El oleaje envolvente
dejó de golpearlo todo,
y allí donde la ruta ha sido abierta,
surgieron los escollos.
Fracasaron los sueños
sobre el tope final
desconectado el corazón del alma,
no sostuvo la cuerda vibratoria
de un momento anterior.
¿Puede insinuarse?
¿Puede postularse?
¿Que la victoria del amor no existe?
Que todo se reduce a teoría,
¿de la presión del nervio sobre el músculo?

Queda el enigma abierto,
queda en pie la consulta,
el motor que da impulso a nuestros sexos
paraliza su acción predominante
cuando alcanza la meta prefijada,
fijando la señal de la derrota.

De: "Trece poetas"
Ed. Del escritor, Julio de 1967.

lunes, 28 de marzo de 2011

El Sillon Negro

Desde lo más complejo del metabolismo, un puñado de arvejas estofadas me embadurna las entraña. Y pesan despiadadamente sobre mi conciencia.
Cena ambigua, destilada de apuro. En pleno desayuno. Además todas esas cosas raras que me vienen sucediendo desde la mañana. Con más carácter hiperbólico que por definición premonitoria. Una especie de voto de censura. Previo a cualquier examen. Una exagerada admonición por un acto no realizado. Un acto que falta mucho para que se concrete. Cómo si de pronto hubiera llegado el tan temido día de la Mala Pata. Y no era tampoco, por el hecho fortuito o casi fortuito, de ser martes 13. No soy. ¡Ni núnca he sido supersticioso...! Sin embargo, el ánimo, siempre idiota, refractario a todo razonamiento de conciliación, se deja fácilmente engatusar por factores inconscientes. Cae en la trampa siempre lista de aportes francamente irrisorios. De ahí que nuestro espíritu se indisponga paulatinamente con la realidad y una suerte de trauma psicológico lo anula, al punto de subordinarnos a estados completamente irreales.
Lo que más me molesta es ese extraño aviso equis, punzándome el costado cerca de omega. Como una mecha...
Perdí el tren de las ocho menos cuarto. El de ocho menos diez llegó atrasado. Al subir me disloqué un tobillo. Todo Martinez parecía haberse concentrado en la estación. Algunos, parecía que no iban a viajar nunca. Pero estaban allí. Esperando. Estáticos. Boquiabiertos. Estúpidos. Compré el diario y le faltaba la sección central. La única que leo. Traté de encender el último cigarrillo y gasté siete fósforos, hasta que me di cuenta que no tiraba porque estaba roto. Como la caja de fósforos no tenía lija los frotaba contra la suela de un zapato. Entonces, las agujas de tejer de una señora que ya iba con el pullover de alguien por la mitad, me daban en la frente. A mi lado viajaba un gordo. Tenía mal aliento. Y alguien en la muchedumbre hacía cosas peores. ¡Impunemente...!. Y nadie era capaz de abrir una ventanilla.
Faltaba bastante para Retiro. A veces un viaje de media hora se hace largo. Interminable. Se me dio por observar el rostro de la gente. Rostros cansados. Con el cansancio matinal, todavía inmaduro. Gestando lentamente entre los nervios. Angustia acumulada en el desvelo nocturno. La mala digestión. Los mosquitos. El hígado. Los callos. Nerviosismo de abstinencia forzosa. Flojedad de abuso cotidiano.
Labios fofos. Estirados. Músculos en tensión. Vejigas comprimidas. Y para colmo esa indiferencia universal de todos. Ese qué me importa, tendiente a fingir un estado de ánimo interior, para no afectar un exterior apuntalado apenas. El bramido salvaje de las pampas contenido a flor de glotis con estoico desdén. El inventario espeso de todas esas ambiguedades sin catalogar. De esa meresunda absurda. Superman. Morcilla. Nena. Gotas. Depravado. Nalgas paspadas. Algodón. Fiebre. Cruz. Argelia. Arcángel...Y sobre todo; ¡trac-catrac...! ¡Trac-ca-trac...! ¡Trac-ca-trac...! ¡Trac-ca-trac...!. Incesante y monótono. Como las moscas...
En cada músculo. En cada mejilla, asoma diagramado el desconcierto. El descontento de tener que tomar ese tren para determinada parte. De tener incluso la obligación de bajarse. Ponerse a trabajar en una tarea rutinaria y deprimente. Prestar atención a cosas por las cuales uno no tiene el menor interés. Conformismo que bosteza distraído. Gente privilegiada en todas partes. Acomodados. Menos uno. En cambio otra gente, que por el sólo hecho de vivir mas lejos, toma el tren vacío y se sienta. Y silba. O lee. Por lo general, lee. Novelas por kilos. Lectura "despeñaperros", como dice mi tio Gemmo. Que englute sin digerir. Cómo un puré de héroes legendarios asomados en el perfil de cada página. Páginas escritas a la carrera, entre sopa y bife con ensalada. Aníbal Barca mil veces repetido con distinto nombre. Sólo que en lugar de manejar invencibles espadas cartaginesas, empuña revólveres mágicos. Cargados. Cargados. Cargados. Siempre cargados, con balas eternas. Y no yerran núnca. En cambio el pérfido Escipión, con su andar parecido al del vaquero villano y despreciable, cae derrotado al piel del mostrador. Ante el sheriff atónito. El cantinero impertérrito que sabe quitar la botella de whisky justo a tiempo. Un décimo de segundo antes que la hagan añicos. Porque al hombre sí; pero el whisky es sagrado. Y la cantante víctima de su especie, pero que al final es buena. Y se va con el muchacho. O el muchacho la va a venir a buscar otro día. Porque los naipes marcados. En el salón. Casi siempre...
Las crónicas noveladas, también tienen sus adeptos. El crimen del gallego. Corrupción en Barracas. Y las revistas especializadas. Cine. Radio. Deportes. Televisión. Con galanes en colores y estrellas estucadas. Llenas de cosas, que en casa, en la casa de uno no se encuentran. Y desligan lánguidamente pálidas negligées. Con astucia. Con sorna. Sin que jamás queden del todo como uno quiere. Y entonces, un suspiro tremendo estremece el vagón. Trepa hasta los ventiladores descompuestos y sale por la rejilla de ventilación en forma de pitada. Pitada japonesa.
La mente tiene en esos instantes, espejos vibrátiles que atormentan el alma. Para colmo, la chica que subió en La Lucila habla con una compañera. Casi de vereda a vereda. Y se le ha dado por comentar, cómo le fué ayer en Tigre. Ahora me pregunto yo: ¿Cómo hay gente que todavía insiste en ir al Tigre?...Un lugar húmedo. Lleno de mosquitos. De arañitas. De turistas sonsos, con bolsos vivos. Repletos de fruta. De pescado medio putrefacto. Trofeos tradicionales, que es como una tarjeta obligatoria. Caras cansadas. Piernas cortajeadas de explorar cada recreo. Dónde el patrón no pisa, pero que durante la semana se ocupa de enderezar la maleza tumbada durante el sábado-domingo. Naturaleza gratuita, que uno no sabe si estaba o lo puso algún vivo para explotarla. Aire cargado de niebla. De ácido salicílico, que es bueno no sé para qué. Pero el cansancio se acumula en tanto en los cuerpos. Y las glándulas trabajan con exceso. Y las matas de hortensias, tan tenues y pródigas, esconden su delicadeza bajo el barrillo inmundo que dejó la última inundación. Ques es como si Madame Butterffly saliera en camisón.
-Fijate que fui con Gervasio.
-¡No me digas...! ¿Y qué tal?...
-Bien...Resulta que tomamos el "Expreso Carapachay" a eso de las nueve de la mañana... -y le cuenta todos los detalles de la puesta en marcha de la lancha hasta la llegada-...vos sabés como son en casa. Por eso yo había ducho que iba a Luján con Clarita y las chicas, ¿sabés?...Pasamos un día divino.
-¿Si?...Contame...Contame ¿qué hicieron?...
-Bueno. Primero almorzamos a la orilla del río. Nos bañamos. Dimos varias vueltas por ahí...Y vos sabés que...
Y aquí la muy canalla baja la voz. Imagino que le estará contando de las hormigas. De las hortigas. O de cualquier otra cosa...Y al final, ¿qué me importa eso a mí?...
-Cuándo volvimos trajimos duraznos.
¡Ya lo decía yo...! ¡Robados!. Y lo confiesa así con desvergonzada petulancia. Ni siquiera da lugar a un lógico suspenso. Dar la noticia en forma de pregunta: ¿A que no sabés que trajimos? ¡Maldito sea..! ¿Quién me manda a mi escuchar lo que no debo?...Qué me puede importar lo que hizo. Dejó de hacer. ¿Trajo o no trajo, una mostacilla impuber en un islote lleno de jejenes?.
-Nos compramos un televisor ¿sabés?
-¡Regio...! Una noche de estas voy a ir a ver Los Cinco Latinos.
-¡Vení cuando quieras...!
¿Por qué la gente hablará durante el día de todas estas nimiedades?...¿De todas estas pavadas?...
-...y cuando vuelvas te voy a ir a esperar al Aeroparque.
-Muy bien. Te mando un cable avisándote el día y la hora. Así me ayudas a pasar el contrabando.
-¡Loco...!
Al fin algo sensato. Algo digno de ser escuchado. No hay derecho que tenga que trabajar en lo primero que encuentre. Yo soy cobrador de Segba. Mi mente y mi intelecto quizá no dieron para más. O tal vez no intenté. O lo intenté y no tuve suerte. ¿Quién se acuerda ahora?
Al llegar a Retiro me sacudí previamente como hacen los perros cuando salen del agua. No sé...Me sentía también un poco hermano-perro. Y en este acto reaccionario, sacudía, más que hipotéticas gotas de agua, hipotéticas pulgas que pudieran habérseme coloado subrepticiamente entre las ropas. O entre mis pelos. Después tomé un café en un copetín al paso. Pero me cayó muy pesado. Sobre todo los bollos con que acompañé el café. "Bollos a la madrileña", rezaba el cartelito torcido. Pero yo no hice caso, e igual los pedí. Seguramente debieron importarlos directamente de Madrid y el barco que los traía sufrió alguna cuarentena en Dakar o Santa Cruz de Tenerife. De todas maneras tomo nota. Los bollos a la madrileña, con el cartelito torcido, me caen pesados. Esta noche tendré pesadillas. Grandes animales se empeñarán en perseguirme. Me perseguirán hasta el borde de un barranco. Y quizás amanezca con el cuerpo lleno de moretones. No es la primera vez que sueño con animales así y me golpeo contra la mesita de luz.
Comienzo a trabajar desganado. Mi astenia no tiene cura y es de las que no mejoran los sicoanalistas. Ni da resultado una cucharada de Uvasal. Ni siquiera un tuil.
Visito varias casas. Abriendo y cerrando medidores. Enfrentando amas de casa en salto de cama. Feas. Con bigudíes y chancletas. Alérgicas. Insatisfechas. Rencorosas, que lo miran a uno como si intentaran sobonarlo cada vez...¿Qué tengo que ver yo con el gasto de la heladera de este mes?...¿O la plancha que quedó enchufada cuando se fueron a lo de tía Sabina en Ranelagh?...Y del foco que en el sótano, por la humedad...Que vaya a saber si miente. Y le muestran a uno. Y lo llevan a uno por pasillos oscuros. Con telas de arañas escondidas. Por escaleras con olor a humedad, es cierto. Y olor a comida de días atrás. Y le quieren pagar a uno. Menos con plata. Y la compañía no puede esperar. Uno puede hacer una gauchada. Si vale la pena, claro...Pero ¿cuántas al día?...Me pesan los párpados. Me pesan otras cosas. Estoy harto de medir fluido invisible escondido en los cables. Estoy harto de leer números que no alcanzo a leer. Y no quiero usar anteojos. De cabeza dura. Al final, ésa de recién, ¡no se habrá dado cuenta que hoy sólo estoy midiendo?...Qué a cobrar va a pasar otro colega dentro de unos días. Lo único que hice fue pedirle la llave, porque la mía no abría bien. Solamente la llave del medidor. ¿Por qué, digo yo, la gente entiende tan mal las cosas? ¿Por qué es así a vece?
Hay una paradoja incipiente inscripta en la persianita de cada medidor. Me siento mal. Los bollos. O tal vez he cometido una mala acción. Me esfuerzo por recordar, no puedo. Tengo ganas de entrar en algua parte y beber algo. No me animo a pedir en ninguna casa. Me contiene el temor que me den agua...Además ¿qué podría beber?
Recién cuando llego a la altura de Paraguay. Frente al número 471, para ser mas exacto, me di cuenta. Es decir, recién entonces advertí la cosa. La cosa que me sigue. Lógicamente es demasiado inverosímil. absurdo si se quiere, pero ya expliqué cómo estaba mi estado de ánimo predispuesto desde temprano a caer en cualquier trampa. Además, aunque parezca ilógico e incongruente la muy maldita está realmente allí.
Era un sillón...No sé si decir era un sillón o es un sillón. Debo decir es un sillón, porque existe. Lo veo nítidamente, y me sigue. Por supuesto que un hombre transporta el sillón. Un hombre con barbita puntiaguda. No sé bien. No capto bien este detalle pues el hombre no me afecta. En realidad no importa. El hecho que no le vea bien la cara se debe a que el sol le da de espalda. En ca,bio destaco perfectamente el sillón. Y es un sillón negro.
Contengo la respiración. Y me detengo un instante frente a la vidriera de una tienda. Está llena de ropas femeninas. Toda ropa etérea. Insondable. Vacía. Aparte de eso, cara. ¿Para qué?..El hombre-sillón se detiene detrás mío. Va en alpargatas y la camisa le cuelga detrás. Avanzo y frente a una botonería repito la detención. Escudriño el objeto a través del cristal del escaparate.
Es un sillón de mimbre. Tiene una pata rota. Una pata colgada. Como la pata rota de un perro herido. Para mí este detalle adquiere significado de un símbolo mortuorio. Algo semejante a un sillón fúnebre. De su alto respaldo cuelga dos cintas de terciopelo viejo. Muy verdoso. Parecen las tripas desbordadas de un vientre negro herido a mansalva de una cuchillada. Vida aparente en el trágico espesor del maderámen. Cordón umbilical duplicado, sin ligar siquiera.
El hombre que lleva el sillón es robusto. Lo lleva de una manera especial. Cómo si alguien viajara sentado en él. Alguien que estuviera por ejemplo, en estado de catalepsia.
Me estremezco de pánico. Un terror loco e irrefrenable se apodera de mí. De mis miembros. De mi corazón. Si es que este órgano funciona todavía y se sigue llamando así. Juro que si las piernas no me temblaran tanto, habría comenzado a correr.
Doblo por Maipú. Cruzo Viamonte, Tucumán, Lavalle. Miro hacia atrás y ahí sigue. A la misma distancia, al mismo paso regular, prosigue el seguimiento el misterioso ente de mimbre. Omito ya mencionar el nombre del objeto. Omito inclusive mencionarl al hombre. Lo único que realmente interesa es eso..Es como un totem. Podría ser la Cruz. No vería al hombre que llevara la Cruz. Solamente la Cruz.
Trato de pensar en otra cosa. En aquella vez que en la playa de San Isidro. En los juncales que dan sobre la playa vieja. Una playa llena de caracoles y sarandíes, dode me asustó un viejo con una cámara fotográfica al hombro. Yo estaba allí y se apareció de repente, emergiendo detrás de unos plumachos. Ella hizo como hacen todas las mujeres en una circunstacia semejante, pero no sé si tan rápido, por eso preguntó: "¿Nos habrá visto?". ¡Vaya pregunta estúpida....! Yo estaba igual que ella. Son juncales abandonados, núnca hay nadie, pero la pregunta, el viejo y no sñe que otra cosa que no podía abrochar me estufó. "Y...No es ciego el tipo, ¿no?". "¡Oh! ¡Si se entera Gaspar...!" ¡Uff! ¿Por qué siempre hay un Gaspar? "¿Pero quién le va a contar?" Gaspar tenía que ser un hermano. O el marido. O el primo. O tal vez el patrón...Sí. Ahora que lo pienso debería ser el patrón. En casi todos los triángulos, el patrón se llama Gaspar.
Después. En seguida casi, me olvidé del viejo. De Gaspar. Pero lo volví a encontrar en el ascensor de mi departamento. Antes de mudarnos a Martinez. La misma barbita. Sin máquina. Eso sí la barbita más cuidada. Mas gris y espesa me pareció. Cuando le pregunté a mi esposa Cristina si lo había visto, me dijo que no lo había visto. Y aunque el viejito silbaba la misma melodía que la orquesta, ahora no me acuerdo de quién, que sonaba en el combinado, mi esposa casi enojada repitió que no lo había visto. Y después dijo que iba a bañarse. Y era raro, pero al tipo no volví a verlo. Es decir no volví a verlo hasta hoy. Tengo casi la certeza que el que lleva el sillón es la misma persona. Puede que ahora esté afeitado. Pero la sombra del sol en la cara le hace como una barba.
¡Dios mío! Cómo me pesan las piernas. Esta persecución me tiene enloquecido. El reumatismo también. Homeopatía. Comprimidos. Sellos. Inyecciones. Acido úrico. Limón exprimido. Cada vez más. ¡Cada vez más...! Cruzo corrientes anhelante. Llego a Sarmiento. Doblo a la derecha. Diagonal. El sillón me pisa ya los talones. Es irremediable, me alcanza. Me acuerdo patente de la anécdota de un marinero suizo que viajaba con pasaporte griego en un buque norteamericano, y que al correr del tiempo conoce en un puerto francés a una española hija de italianos...Es muy larga la anécdota. Me la solían contar de chico. Yo sé otra versión. Pero aparte de esto, no me acuerdo de nada más. Se que no podré escapar. Me fatigo demasiado. La presión baja. El hálito concupiscente del extraño vengador me caldea el cuello. Los hombros. Su poder agarrota mis músculos...
Ya no tiene sentido seguir. Me detengo. ¿Para qué seguir huyendo?. Acepto resignado al destino. El Mercado del Plata se perfila allí con su mole inmensa e inútil. Cristal y cemento convertido en masa estática. Como un dios cuadrado que no ayuda a nadie. Los frescos. Los murales, parecen hechos a escupitajos de gigante. Buches de alquitrán y letergirio. Baldazos de óxido de cine. Sin embargo me subyugan. Es decir me subyugaron ayer. Hoy los miro y no significan nada. Ni siquiera imaginando que son fuentes de tallarines. Pollos deshuesados. Quesos de Holanda. Roquefort. Gorgonzolas. Muchos Gorgonzolas que vienen caminando...Me distraigo...Me distraigo. Y no puedo distraerme...Ahí nomás contra el pasaje Carabelas está eso. No es ventaja.
Sorpresivamente, giro sobre mis talones. Me doy vuelta lo más bruscamente posible. Súbitamente enardecido...En un tardío intento de rebelión, sabieno de antemano que estoy perdido.
Es entonces cuando ocurre lo incomprensible. Lo imposible. Y es tal el shock que experimento, que un escalofrío tremendo recorre mi columna vertebral. Cómo un soplo. Como una ráfaga que va desde el atlas al coxis y me produce en el estómago una sensación de vacío angustioso. Todo me parece inaudito...¡Increíble!. El sillón, ya no está allí...Ni mas lejos. Ni en la vereda de enfrente...En una palabra, ya no lo veo. Ya no me persigue...¡Me he librado de él...! Vuelvo a sentir la pesadez de los bollos en el estómago, pero la opresión en la espalda ha cesado. ¿No será que estoy sufiendo una especie de alucinación?...¿No será un desencuentro cerebral?...¿Una desviación temporaria de los sentidos?
No puedo explicarme semejante defección. Un sillón no puede truncar así de repente una persecución que es ya de su dominio absoluto. No puede claudicar en el instante justo de la victoria. Y menos desaparecer así de golpe, absurdamente. ¡No puede defeccionar en el instante mismo de la verdad...!
¿Qué ha pasado?...¿Qué puede haber pasado?
Mi curiosidad vence toda cautela. Me siento estimulado por el horror. Retrocedo. Es decir, avanzo. Cruzo Carabelas con luz roja. ¿Quién hace caso de los semáforos ya?...Un señor vestido de gris. Con anteojos negros y un pito en la boca, me dice algo. Algo frena cerca mío. Y de eso, algo dicen también. Pero yo sigo. Siempre por Sarmiento. Cinco. Diez pasos. Enfrente el 940...Me encuentro frente a una escobería. Sillonería. Canasteria...¡Oh!...Por poco me desternillo de risa. Por poco me muero ahí mismo sin confesarme...Es qué no es para menos...
Ahí mismo está el sillón. Tirado en el suelo. Humillado. Sangrante con su pata rota. Como un héroe vencido y puesto en ridículo frente al enemigo. El hombre está de espaldas. Señala el sillón y gesticula. Habla. Trata con el canastero. Anciano. Parco. Sencillo. No halla eco a su demanda. Discute acaloradamente. Pichinchea como un feriante...¡Al hombre no le conviene el precio del arreglo...! Que hermoso pretexto para gozar...Sale enojado. Iracundo. Con el sillón cruzado irreverentemente sobre los hombros.
Contemplo la escena a través de las cortinas doloridas de mis pestañas. Con mirada de gavilán en acecho. ¡Sillón infame...! Comienzo a seguirlo. Despacito...

                                                                                         Fin

martes, 15 de marzo de 2011

Pensamientos calificados

Encaramados en una posición
de enanos en actitudes críticas.
Pretendemos ser los dueños,
dictadores de la opinión
y nos convertimos en déspotas
del pensamiento calificado
descalificando al que no opina como uno.
Torpedeamos el diálogo
en cuanto asoman
las primeras ideas
todavía sin imagen
en las bocas ajenas.
Y al final
de tanto hablar con gente
que opina igual que uno
la cosa comienza a ser
tremendamente aburrida.

De "Del bastardo deber ser"
Ediciones Crisol, Octubre de 1973.

Una mala noticia

Antes me gustaba leer
en todos los diarios las noticias,
el andar del mundo.
Cada imprevisto
cada novedad
era motivo
con diferente argumento
de una novela intensa
que se llama vida.
Pero hoy, leí una noticia
que me golpeó el corazón
y en la boca
regurgito el regusto
amargo del áloe
masticado con rabia.
Y aunque he cambiado
de diario ocasional
todos publican noticias parecidas
copias de las de ayer,
como una burda reproduccion
o un mal clisé.
Por eso
núnca volveré
a leer ningún diario
culpa de la noticia
que leí esta mañana.
Por temor, por cobardía,
o porque sé,
que no podría soportarlo...

De "Del bastardo deber ser"
Ediciones Crisol, Octubre de 1973.

lunes, 14 de marzo de 2011

Desvelo

Por el proceso primitivo
de descontar la aurora
por el sistema primario
de aprender a oír
cómo gimen los parques
cuando no están solos,
copo el silencio
y entro en competencia con los grillos.
La noche no corriente
en su quehacer
de fabricar el alba,
utiliza el rocío
y las guitarras
de los barcos que crujen
en extrañas y reiteradas serenatas.
Oficiante negrero,
aprendiz de genio arrepentido
que devuelve a su casa
la niña nocheandera,
despues de haberla hecho
visitar a la abuela
pasándola primero por el lobo.

De "Del bastardo deber ser"
Ediciones Crisol, Octubre de 1973.

La lluvia y mi tristeza

Cuando llueve se ahonda mi tristeza
tal vez por una pena sin distancias
como una angustia sorda que se aviva
golpeando las ventanas de mi alma.
Son las gotas de lluvia
como chaparrones de lágrimas
derramadas por ángeles perdidos
lejos del paraíso.
Y la lluvia que asoma en la ventana
dialoga gota a gota
en los cristales.
Y te busco agrupada,
en la resistencia del viento,
en el declive agudo de los techos,
te presiento en el aroma
de la tierra mojada
que tiene el mismo perfume
de todo lo que sale de ti.
Porque nada es verdad
en este absurdo cabalgar de nubes
deploro mi impotencia
por no poderme convertir en gota
y siento más profunda mi tristeza
en los dias que llueve.
Quiero integrarme
y rodar abrazado a los cristales
frente a las pupilas tristes
de un  par de ojos
que igual que un universo de sorpresas,
mira como cae la lluvia
desde el lado de adentro
de cualquier ventana.

De "Del bastardo deber ser"
Ediciones Crisol, Octubre de 1973.

jueves, 10 de marzo de 2011

Ex-hombre internacional (alias ciruja local)

Pienso en los bosques de Baviera
en las bellezas de la Selva Negra,
el Duomo de Milan,
Pisa y su torre.
Sueño con la Giralda,
el viejo Kremlin,
evoco el Louvre y los Campos Eliseos
y tiendo el puente de Brookling
entre la torre de Londres
y las cataratas del Iguazú.
Pienso en Berlín y Roma,
Lima, Varsovia, el Partenón y Atenas,
Viena me envuelve con su magia antigua
y un viejo vals me arrulla con su historia.
Mientras tanto, revuelvo en los detritus
en busca de un brillante
o un extraviado anillo de oro o plata,
que se hubiera escurrido en superficie,
en la noche caliente de un magnate,
en el tropiezo ocasional de su consorte,
o bien de una alcoholizada amante.
Y usufructo del sol que se me filtra,
a través de las tropas perforadas
de las alcantarillas que se alejan
a no se cuántos pasos de distancia.
Y aprovecho las bocas de tormenta
mientras vuelo en clipper,
cabalgo en un pur-sang o fumo un puro,
o me doy cita en el malecón de La Habana
con damas de corpiño almidonado,
y en tanto me almaceno en la memoria,
soporto el mal olor de las cloacas.

De "Del bastardo deber ser"
Ediciones Crisol, Octubre de 1973.

Transición

Enmarcado en los limites
de un conflicto interior
soporté los silencios
homologué las pausas.
Milicias de hormigas,
pasaron por tu jardín
asolando rosales,
destruyendo la flor.
Enjambres de abejas
abarrotaron sus colmenas
con sus reservas,
y el hombre le robó la miel.
Agua cayó abundante sobre los techos,
sin que asomara,
en el agudo perfil
de tu semblante,
el menor signo
de haberme descubierto.
Me engañó la distancia,
que nos separaba,
calculé mal el salto
o esperé
que me tendieras una mano.
Sé que estoy cayendo
pero se ha roto
la transición del tiempo
y abajo
el final de todo,
queda todavía muy lejos.

De "Del bastardo deber ser"
Ediciones Crisol, Octubre de 1973.

viernes, 4 de marzo de 2011

Televisonema

Prendí el televisor
de mi mente,
te conecté a mis sueños
y te soñé despacio
casi sin cortes
hasta la madrugada.
La tanda me sorprendió,
despierto todavía,
agotado el programa.
Busco bajo la cama,
las señales de ajuste,
mientros espero la imagen
encuadro la vertical,
la horizontal,
corrijo los fantasmas,
me preparo de nuevo.
El televisonema,
está a punto de comenzar,
es casi igual a mi ilusión.

De "Del bastardo deber ser"
Ediciones Crisol, Octubre de 1973.

Me diste movimiento

Amo el desorden de tus besos
los pasos que te traen junto a mí,
que son como rumores
de las hojas dispersas en el parque,
y aunque me quede quieto,
en tus pasos
se reflejan todos mis movimientos.
Cuando se inicia el movimiento
de mis ojos que te siguen,
el movimiento de mi pecho
te presiente
en tanto que mis brazos
te abrazan.
Y todo mi interés te corresponde
y estoy listo para el despegue
ahora,
porque antes
era como un zángano
posando sobre una flor marchita,
operante de una colmena estéril.
Mi vuelo es corto,
fácil, pero incesante,
no ignoro mi destino,
pero hasta que se cumpla
lo que tiene que ocurrir, inexorable,
me regocijo en tu desorden
de abeja reina,
todo dispuesto para el vuelo nupcial.

De "Del bastardo deber ser"
Ediciones Crisol, Octubre de 1973.

martes, 1 de marzo de 2011

Perdón

Me desprendí de la escafandra de prejuicios,
conteniendo el aliento
descendi a las regiones abisales
de tu oculta ternura.
Después, sobre la arena,
en la explosiva actividad de tus manos
me dejé perdonar.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

El sabor del sol

Me siento a comer rayos de sol
en la mañanas
pienso entretanto
que tristes estarán
los que no tienen la dicha
que yo tengo
de empacharme de sol.
Intuyo
sitios donde hay calandrias,
pienso en los altos eucaliptus
que casi tocan el cielo
y el sol me amansa,
modifica los climas, las tensiones
y lo convierto
en mi alimento principal.
Más tarde
cuando ocurre el naufragio
del sol en el mar
cuando obtengo al fin
la explicación que me faltaba,
la razón de su sabor a sal,
que es el gusto que siento
cada vez que en el patio
corro mi silla de ruedas
y me pongo a comer el sol.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Angustia controlada

En la dilatada vaguedad
de la pieza vacía
casi sentí tu piel
derramarse en mi angustia.
Células fotoeléctricas
captando mi tristeza
rotando como ráfagas de escarcha
en el silencio prematuro
de mis horas en blanco.
De pronto,
el sonido metálico de una llave,
me indica tu retorno;
tal vez...
Pero aunque el sonido proveniera
de una puerta vecina,
aunque fueras otra llave,
otras pisadas,
algo se habrá iniciado ya,
con el receso
de mi angustia controlada.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

viernes, 25 de febrero de 2011

Perdón mi Dios

Perdón mi Dios
que haya tardado tanto
en llegar hasta vos.
Pero en la Tierra
todo iba bien para el gran viaje
hasta el momento
en que como pecado final
confesé que había escrito una poesía.
El problema surgió
porque no quería arrepentirme.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Madrugada

Cronológico duende
que se esconde en la noche.
Prototipo de genio funcional
atisbando en los sueños.
Su presencia, mutante como un Fénix
se hace física novedad
cuando escala las sombras
de la mano del sol.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Mudar de destino

Tendré que andar mudando de destino
el hacha al hombro,
el machete a la cintura,
a boca seca, a jornal de pobre
y seguir aplastando pajonales,
sin medir las distancias.
Distenia sostendrá mi cabezota,
álgidas pulsaciones de marisma
muscido el caracol se me asemeja
la casa a cuestas, sin alternativa.
Por combatir las sombras
me estoy quedando solo,
solo con mi silencio y mi culpa
de haber llegado al mundo
sin un bosque propio.
Espantapájaros casi
endosando ropaje
de residual clemencia
ataña al mundo mi resquebrajo absurdo.
No me quejo,
cambio los pajonales,
por el estado de los mostradores
y el día que me encuentren boca arriba,
el mundo tendrá mi testamento;
una boca torcida,
una sonrisa ríspida.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

jueves, 24 de febrero de 2011

Chasque golondrina

¿Has visto amanecer sobre los tilos
de una calle cualquiera?
De entre las hojas del sol
se desespereza.
Su anuncio de presencia nos reanima.
Nos conecta a la vida.
Sin ser sol
madrugo en tu sorpresa
desbloqueo de tus párpados la prisa,
derogando distancias
me acerco, me aproximo
me transporto,
respondo a tu llamado,
te incorporo al desorden
de mi propio desorden.
Después,
cuando mi pensamiento
busca tu pensamiento
se inaugura un sistema transitorio,
un diálogo de chasque golondrina.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Cántaro Roto

Soy como un cántaro
hecho con la misma tierra
de cansancio
y a través de las venas huecas
de mis cauces interiores,
siento que voy perdiendo
y el agua se derrama
igual que la vida.
Mi estructura,
está demasiado resquebrajada,
he sido mal amasado
o me han dado poco horno,
lo cierto que soporto
el peso de los líquidos,
pero los pierdo
gota a gota,
igual que sangre.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

miércoles, 23 de febrero de 2011

Lola

Regreso y son las dos de la mañana,
avanzo con cautela de ratero,
tratando de pisar donde se debe,
encubriendo el rumor de lo que piso.
Sin encender la luz,
dejaré los zapatos,
y subiré despacio.
¡Será inútil, lo sé..!
Esperándome presa de quietud
extendida y procaz sobre la cama inmensa
estará mi Lolita.
¿Cómo hacer para que no me escuche?
¡Tiene un oído tan desarrollado!
Al transponer el umbral
la tendré sobre mí,
y desde el primer instante
querrá demostrame su amor,
todo su afecto,
apretando mis partes mas sensibles,
querrá que la acaricie,
que me quede con ella todo el tiempo.
¡Y ya estoy harto...!
Ahí está, ya me oyó; ¡maldita Lola!
No la soporto más,
medito un medio de destrucción total.
Revólver. Ahogamiento,
pasando por la cuerda o el puñal,
sin dejar de pensar en el cianuro,
las víboras cebadas, el curare...
Nada me satisface por ahora,
sólo una solución
podría liberarme de este engendro:
...¡dejar que se la lleve la perrera...!

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Buscando a un hombre en la playa

Buscando a un hombre en la playa,
encontré un barco hundido
con veinte piratas muertos
hace mas de dos siglos.
Tropecé con sus voces
y sus blasfemias,
con afilados sables
me hirieron las plantas
y perdí las sandalias,
sin hallar a mi hombre.
En una botella
encontré un mensaje
que hablaba de náufragos y solitarios
y perdí el vestido
sin ver a mi hombre.
Persiguiendo a mi sombra que se escapa
me siento de repente corregida
y perdí la enagua.
Mas no vi a mi hombre...
El resto de mi ropa se dispersa,
me convierto en Bilitis,
con la ventaja de un collar de perlas
y un brazalete de platino viejo.
La extraña sensación que me atormenta
modifica el sentido de mi mente
desplazando la imagen de mi hombre.
Tal vez para siempre...
Me ordenaré de ninfa,
y en las noches de luna
exploraré los médanos desiertos.
No he de esperar,
que despunte la aurora.
me entregaré a Neptuno
en su lecho de arena,
en tanto veinte piratas
me emborrachan de rhom...

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

lunes, 21 de febrero de 2011

Nada

Detuve la mirada en tu sonrisa
con profundo estupor de desafío,
frente a la mesa absurda de la vida,
allí estabas
y no te conocía.
Llegaste.
No venias por mí.
No me hablaste,
apenas si mirabas
sin responder
al desgarrante apremio de mi vista.
Yo soñaba en tus ojos,
me movía en tus pupilas,
con obstinado afecto.
Desde la proximidad
distante para mí,
te halagaban
tu boca se desgranó
con veleidad de risa
en un extraño simbolismo
secretamente dirigido.
Después,
el vano de la puerta
desdibujó tu imagen,
quedó en el aire flotando tu sonrisa.
No venías por mí.
No me alcanzaste a dar
desconocida,
ni siquiera una pena...

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Porque tengo un banco en el parque

Mi voz es tan aguda
que hiere los pétalos de rosa
y hace estallar los estambres
de las amapolas.
El río con su rumor de agua en tránsito
me trae conciencia de lo que soy
de lo que fui,
de lo que pretendí ser,
de lo que núnca seré
y me retrato en los espejos repetidos
detrás de una máscara
que me quita el aliento.
El viento se diluye
al llegar a los pinos
y regresa transformado en caricia
con el aroma refuerte
de los surcos recién abiertos.
Ya no escucho
en el camino sumergido
rumores de pies descalzos
anunciándose
entre las hojas secas.
Tomo mis precauciones,
como recurso extremo
me transformo en un ser que asusta,
con ojos fosforescentes
y una cara barbuda
dentro de un sobretodo negro
y un pantalón rotoso
que muestra,
en su ausencia de ojales y botones
algo, no mucho,
lo suficiente para escandalizar
a seudas señoras gordas
que llegan al parque con su tejido
y traen aviesas intenciones
de sentarse en el banco,
que yo utilizo para dormir...

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

viernes, 4 de febrero de 2011

Descubrimiento

Me quedé mirando
viendo cómo el alba
decapitaba la noche.
Las píldoras sedantes
ya perdieron su efecto.
En este momento,
acabo de hacer un descubrimiento.
Cualquiera sea la hora
que salgo o llego a casa
siempre estoy a tiempo.
Y lo peor, es que nadie me espera,
nadie me despide,
y si no llego
o si salgo,
la unica que me extraña,
es mi sombra.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Adherido al vacío

Tras haber saboreado
proteínas filosóficas
descifrando intelectuales a transistores.
Después de haber gustado
del hondo goce pensativo
del silencio vegetal,
atento a las risas manufacturadas
de las bocas
desarrollándose en actividad precaria.
Obcecado en mis pretensiones
de estudiante maldito;
caminante a través
de sombras rayadas
detecto el pechazo
con radas de tísico
y mientras más me inspecciono
por dentro
me encuentro lleno
de frases conspícuas
y ruídos onomatopéyicos
inservibles
que me despellecutan
en tanto me sumerjo
en el grito comprimido
de una realidad adhesiva.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Juicio

Estoy listo para el juicio,
mi autarquía moviliza reservas
para hacer frente a la vida
para enfrentar a los contrastes,
preparo mi defensa,
las pruebas concluyentes,
los argumentos heroicos
de la sinrazón.
Mi abuelita al despedirme
me hizo la última recomendación:
-Llevá el garrote, por las dudas.
Mirando al juez. Mirando a los testigos.
Mirando al fiscal junto al jurado,
comprendo que ahora
lo estoy necesitando.
¡Enseguida!...

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

S.O.S.

Maduro en la sin razón
mareado en el vértigo absurdo
que trato de contrarrestar con Nescafé
y bostezos sucesivos
bloqueo el eco de mi alma
que me reclama existir
y una cuota demasiado elevada de amor.
La felicidad no es una presa,
es un encuentro,
lo dijo alguien
en una estación cualquiera,
en una despedida
pero a mí casi siempre
me sorprende esperando
en un andén
con trenes cancelados.
Sirvo y juego a estar,
juego a sentir
porque me interesa estar activo
y en la hora del sueño
controlo mis insomnios
con anfetaminas,
porque me da gusto desvelarme
con la ayuda sintética
del actemín.
Y en la estridencia repetida
de voces demasiado cotidianas,
reconozco letanías grises
de ecos excomulgados por mis oídos
y clamo al cielo por un rescate,
pero el buque recogió mi S.O.S
viene navegando en un mar
todavía no identificado.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

miércoles, 2 de febrero de 2011

Carancho

Desnudo me encontré con los caranchos
para salvarme me cubrí de plumas,
pedí prestado el pico a los flamencos,
como garras tenía
Me fue facil dedicarme al oficio.
(Oficio de carancho, se comprende).

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Protesta

Me desatan las manos
en las mañanas
para que vaya a trabajar
y me traban la lengua
en cuanto piso
las primeras baldosas flojas,
flotantes
desde las ultimas lluvias
y me obligan a tragarme
lo que opino de ellas.
Tengo la llave
de la puerta de la calle,
pero me ponen reloj
para fichar la entrada
o la salida.
Me alimentan a embudo
como a los pavos de criadero
antes de Nochebuena
y me empachan de comida
para que pueda rendir mas
aunque solo consigan inflarme.
Cuando me dicen por ejemplo:
-¡Como te quiero!...
El equilibrio de la afirmativa,
lo mantiene el suspenso
y el contrapeso de mi billetera,
que reconforta
criaturas extraviadas.
La carga de mi mochila vital
comienza a pesar un poco,
más que núnca,
pero la culpa de todo,
de todo lo que me sucede,
tal vez no la tenga el gobierno,
como pretendo,
tal vez el origen de todo se remonte
al nudo demasiado apretado
de mi cordón umbilical.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

La mordedura del sol

Me muerde el sol
no es cualquier sol
es el sol implacable
del Delta del Paranà .
Sus afilados dientes
dejan las impresiones
de sus colmillos
ultravioletas
en mis brazos.
Y mas tarde
los caninos infrarrojos
me desgarran la piel
de todo el cuerpo
hacen sangrar mi espalda
y me obligan a recurrir,
al pancutan de la sombra
de los sauces.

martes, 1 de febrero de 2011

Ikebana

En el patio de mayóricas moriscas
práctica de ikebana.
Berlioz repetido desde el disco
"Condenación de Fausto"
ajustado a la voz de la soprano
que difunde los tonos
ácidos y salados
de una rama de pino
incrustado en las valvas de un coral.
Los cigarrillos multifiltro
de carbón activado
se incineran
sin que nadie los fume
en la cónica estrechez del cenicero.
Una mano se alarga
y se encuentra con otra mano quieta
que sostiene una flor
y en la mitad del gesto
queda la flor caída,
queda el disco girando,
queda el humo disperso
y sobre las mayólicas moriscas
un extraño ikebana
en movimiento.
De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Alfonsina y el mar

Pintura de: Angel Edecio Cárdenas Forzán

Acercarse
y tener el valor
de quitarse zapatos y lo demás
y caminar derecho por la playa
en dirección al mar.
Así sencillamente
como alguna vez
lo hizo Alfonsina.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

La misionera y el forastero

Por el camino de tierra colorada
baja la misionera.
Tiene nombre de pájaro
y un apellido que termina en "ich".
Trenzas cuando las trenzas no se usan,
vestido corto con enagua larga,
alpargatas trenzadas y zoquetes,
y en la cabeza un trigal,
trigal maduro con espigas sueltas.
Baja los ojos frente al forastero
que le pregunta por Cerro Corá.
Ella sabe otras cosas,
lo sabe por la luna
por el vello que crece en ciertas partes
y porque el rancho en que vive
es de una sola habitación
y ella escucha de noche
cuando sus padres no duermen.
Por eso, cuando el forastero
le pregunta por Cerro Corá
ella entiende otra cosa
y acepta el caramelo que le ofrece
y en el acto inocente se imagina
que recibe los datos
de una cita secreta.
Mas tarde con su carro,
carrito ruso,
que se parece a una caja de bombones
ella va por los cerros
a recoger el té.
Y en los descansos
comenta con su compañera de surco
algo que le pasó.
Algo impreciso, misterioso,
y con el dedo indice señala:
"-Cerro Corá"

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

Sin ventaja

Esa llave que tocaron otras manos
no la quiero tocar.
Esa puerta que abrieron
sin ser yo con mis manos quien la abriera,
no la vuelvo a cerrar.
Su picaporte redondo
se me ocurre que llora
y me lastima su llanto
porque también lloré de pena
alguna vez.
Esa boca que besó otra boca
no la quiero besar.
Esas cartas que mi pluma
núnca escribió para tí,
son de un pasado ayer
que se presenta,
cada vez que entreabro algun armario.
Esos paseos absurdos que no hice
contigo en la penumbra de los parques
carecen del valor que la distancia
separó para siempre.
Esa mano que al tomar tu mano
con expresión tan tierna, me dolía
sentirla así oprimida en otra mano,
no la vuelvo a tomar.
No habrá perdón ni tregua
no caben compromisos,
falso sería mi boca en falsos besos,
falso el abrazo, falsa la nostalgia,
no se perdona al amor que engaña
ni puede haber amores paralelos.
Eximido de culpa
quiero hacerte también mi confidencia:
Cuando a la hora de la luna incierta
errabas en un punto de la Tierra
yo vagaba también.
Cuando tu boca enfebrecida
y a sobresaltos dada
era besada con virtual hechizo
yo besaba en igual.
Y la carta. El llamado telefónico,
todo el secreto que escondías celosa,
lo escondía yo también,
lo saboreaba.
Tu y yo. Ella y el otro.
Doble pareja, sombras y fantasmas,
amor oculto, prohibido, repetido,
no son más que siluetas,
ya distantes, sin retorno capaz.
Y esa boca, esa llave,
esa triste parodia del amor,
ha perdido el sabor de la constancia,
de la cita prohibida.
Ha perdido el sabor de lo concreto
de lo mío y lo tuyo
compartido por otros.
El perdón ya no importa
la vida corre
frenética y alerta,
es hora de volver
sin ventaja, si algo queda todavía,
algo importante que recuperar.
Demos al tiempo tiempo,
el último recurso,
la ocasión del amparo
antes del adiós.

De: "Soledad pero no tanto"
Editado por Instituto Amigos del Libro Argentino
1972

sábado, 29 de enero de 2011

Por hacer algo


Al calido alabastro
de tu piel,
sin integrarme
a tu entorno,
desconectado
de tu realidad,
sin posibilidades
inmediatas
Por hacer algo,
aunque mas no sea
que para advertirte
de mi presencia
inactiva,
comienzo a lamer
los higos negros
de tus pezones.

De:
Un corazón en emergencia
Pedro Buchignani